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Políticos contagian a periodistas

Políticos contagian a periodistas El periodismo como oficio destinado a informar, educar, fiscalizar y divertir, podría tener grandes coincidencias con la política, mientras esta actividad sirva más a la comunidad y menos a los políticos. Sabemos que en el Perú de estos tiempos no es así y me temo que tampoco en gran parte del planeta. De modo que hoy hablamos de actividades entrecruzadas y contradictorias. La profesión del periodista, entonces, es cada vez más incompatible y pugnaz frente a la del político profesional peruano.
Hubo tiempos en que periodistas y políticos demarcaron claramente sus terrenos. El largo período de la guerra fría fue uno de ellos. En esas épocas todo tenía una frontera definida. Aquí los periodistas, defensores del llamado mundo libre, allá los que se ponían a órdenes del partido revolucionario de la clase obrera, en el medio los independientes que no escaseaban y por allí los incautos.
Eran tiempos en las que la profesión era casi un auto de fe. Asociaciones de la “prensa libre pero responsable”, junto a federaciones que luchaban por la “justicia y la verdad”. Los bandos iban premunidos de doctrinas, códigos, proclamas y banderas, en los que se definían los papeles de cada uno con claridad y sin ambigüedades.
En esos años –por ejemplo- el diario El Comercio prohibía tajantemente a sus reporteros destacados en el Congreso de la República, recibir siquiera los vales de almuerzo que acostumbraba obsequiar la Oficialía Mayor. Hoy, como lo sabe todo el país informado, ese diario edita su sección negocios bajo la inspiración de funcionarios de un llamado Instituto Peruano de Economía, estrechamente vinculado a organismos como el Fondo Monetario y el Banco Mundial.
Hay que ver sus más recientes campañas, en las que -ausente un mínimo decoro- apuesta todas sus cartas informativas y desinformativas por la privatización del agua, como lo hizo hace poco a favor de una aerolínea chilena que se ha alzado con el mayor volumen de pasajeros y carga, tanto en el mercado local como en el internacional.
De modo que en el Perú de estos tiempos -y me temo que desde Alaska hasta el Mapocho- las fronteras entre periodistas y políticos se han vuelto tenues, se cruzan en ambos sentidos cualquier día y el público ni se entera. Hasta que se conozca un video, entonces se formará una comisión investigadora en el Congreso, que a su vez se encargará de convertir el problema en cortina de humo

El libre mercado
Es preciso recordar que las empresas periodísticas navegan en las aguas del libre mercado. Es decir, compiten cada día por un lector como por un aviso. Antaño circulaban periódicos liberales, conservadores y socialistas; revistas esforzadamente independientes; otras claramente atadas a presupuestos y partidos extranjeros y no existía esa pesadilla de colores que es la prensa chicha.
Eso significaba que cada cual buscaba el pan entre sus lectores, pero una parte importante de su presupuesto estaba, sino asegurado gracias a los accionistas, por lo menos financiado hasta fin de mes, sin las angustias del día a día. Hoy eso se acabó.
Estar en el mercado tiene su lado bueno, porque es muy exigente para las empresas, pero otro lado no tan estimulante para el ejercicio del periodismo y por tanto para muchos periodistas.
Aquí es donde encontramos explicación a las frecuentes proximidades entre periodistas y políticos. Esa antigua desconfianza mutua casi se ha desvanecido. Ha sido reemplazada por una relación más que cordial, deportiva, parecida a la que tienen los compadres y -¿por qué no?- los socios. Recordamos cómo fueron las últimas elecciones municipales, una pugna feroz en las que demoler al adversario y convertirlo en enemigo público fue la consigna, con habilidosos periodistas operando en los medios a la par que ciertos candidatos.
El espíritu y la práctica del fujimorismo no podían haber desaparecido como por encanto al día siguiente de la fuga del ex presidente. Fueron diez años de machacar
pragmatismo en la mente de la gente, prescindir de los discursos y las ideologías y suspender los escrúpulos hasta otro momento. Los políticos hicieron el juego y muchos periodistas lo aprendieron.
Un problema grave ha sido la masiva desilusión con el retorno a la democracia, por culpa de Alejandro Toledo. Mucha gente hoy no encuentra diferencia entre el prófugo Fujimori y el actual gobernante. Y no les falta razón. Aquí la responsabilidad es compartida entre oficialistas y opositores, al punto que la opinión pública envuelve a ambos en el mismo paquete. Allí están las encuestas de opinión, de las que no se salva el Ejecutivo, tampoco el Congreso, menos el Poder Judicial. Y apenas si la Iglesia consigue alguna aprobación, pero no la que quisieran sus jerarcas.

Cayeron los tirajes
¿Y los periódicos? Ellos están expuestos al escrutinio diario de sus lectores y a esa encuesta irrefutable que son las ventas. Hoy el periódico de mayor tiraje pone en la calle 20 o 30 por ciento menos de ventas que el récord de hace 15 o 20 años. En otras palabras, en el Perú del 2005 se lee menos que en el Perú de los años 80.
Claro, dirán que la televisión e Internet han restado lectores, pero no es un argumento muy sólido. Cuando la radio entró con fuerza en el universo informativo (años 40), pronosticaron que la prensa escrita se precipitaría. Eso no ocurrió. Contrariamente, los grandes diarios del mundo se multiplicaron y ganaron en credibilidad.
Tenemos pues que investigar y hacerlo en serio, no como esas comisiones del Congreso. El escepticismo de las multitudes ha llegado también a los periodistas y se está filtrando hasta los canales. Hoy un espacio político se jacta de tener 14 o 15 puntos de sintonía, pero sus propagandistas no dicen que siendo escaso es un registro de hora punta. No es pues un secreto, la desconfianza que inspiran los políticos profesionales ha contagiado a la prensa. Se busca un antivirus.

Fin.
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1 comentario

JCLZ -

Interesante texto. Realmente a veces es bueno leer los análisis desde el otro lado del mostrador.
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